Ambientada en el gélido enero de 1958, la historia narra el encuentro entre Antonio -el autor-, en la época que trabajó en la fábrica de aceite de Diezma; y Francisco, un hombre enjuto y desvalido que busca refugio durante una feroz tormenta de nieve. Tras intentar sin éxito encontrarle cobijo en las posadas locales, Antonio se enfrenta al dilema de abandonar al transeúnte a su suerte o arriesgarse a contravenir las normas para ayudarlo.
Impulsado por la misericordia, decide llevarlo a su hogar. Allí, junto a su esposa Asunción, brinda al anciano no solo calor, sino también dignidad: desechan sus harapos y le entregan calzado y ropa limpia. A pesar de la extrema debilidad física y emocional de Francisco, la hospitalidad de la pareja logra reconfortarlo. A la mañana siguiente, Antonio le entrega cien pesetas de sus propios ahorros para que pueda viajar hacia Gérgal en busca de su hermana.