Jerónimo, mutilado de guerra del bando republicano, se retira con su hijo Agustín a una barraca en el monte de La Alcarria tras enviudar y no poder sostener el alquiler del pueblo. Allí, ajenos al reconocimiento oficial que tardará décadas en llegar, padre e hijo sobreviven de la caza, la recolección y la lealtad de tres perros. El relato sigue la instrucción tardía del hijo —del analfabetismo al título de Derecho—, la muerte del padre fiel a su barraca hasta el final, y el hallazgo del amor adulto de Nico con una mujer que, por azar, lleva el nombre de la madre que apenas conoció.